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martes, 17 de noviembre de 2015

Bucle



Otra vez entre las sábanas de tu cama. No logro conciliar el sueño. Me pregunto como he podido volver a ser tan tonta de caer. Me digo, esto es un error. Entonces escucho tu acompasada respiración mientras duermes boca abajo con tu rostro totalmente relajado hacia mi y veo la respuesta a esa absurda pregunta que trastoca mi cabeza. Ojalá las circunstancias fueran diferentes. Quiero apoyar la cabeza en tu pecho pero se que eso no sería correcto viniendo de mi. Quiero pasar mi brazo por tu cadera abrazándote pero se que eso no es lo que esperas de mí. Quiero acariciar tu pecho con mis dedos pero se que eso no es algo que busques de mi. Entonces me giro y recuerdo lo que pasó hace un rato. Tu boca sobre la mía. Nuestras manos volando desesperadas. Alientos al aire. Sudor en los cuerpos. Gemidos incontrolables. Después de todo no fue una mala noche. Pero en unas horas me dejarás en mi casa. Ni un beso de despedida. No sabré cuando será la próxima vez o si habrá próxima vez siquiera. Me esperan unos días de reflexión. Pasan semanas. Vuelta a la normalidad. Un día cualquiera tumbada en mi cama. Mensaje al móvil. Me dices buenas. Otra vez entre las sábanas de tu cama.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Un domingo cualquiera



Relax, pijama y libro.
Los domingos son días míos, de quedarme en casa desconectada del mundo y no estar para nadie. Entre página y página de mi compañero de soledades la cabeza decide que es hora de pensar en lo que menos me apetece y en lo que menos debería. Pero ella es así, le encanta ser tan inoportuna como pueda y entonces el romperte los sesos se convierte en mi mejor enemigo (sí, quiero decir mejor enemigo porque contra él poco se puede hacer)
Lo único que quiero un domingo por la tarde es dedicarme un día a mi, a quererme, a relajarme, a consentirme, a evadirme, a olvidarme de todo y de todos y sin embargo acabo queriéndome menos, relajándome poco, consintiéndome nada y recordándolo todo.
Al final del día me prometo que el próximo domingo será diferente, que yo puedo ser la compañía más grata para mi misma y que sabré aprovechar los momentos de soledad que me regalo.
Así que me voy a la cama decidida, y en contra de todos deseando que llegue el lunes para empezar la semana con la sonrisa dibujada, comerme el mundo a cada instante y cuando llegue el próximo domingo ser capaz de disfrutar de mi como me merezco, como nos merecemos todos.
Y así, semana tras semana.